Las obras de Arte de una determinada época tienen la facultad de condensar el espíritu del tiempo en que fueron hechas. Al artista muchas veces se le ha examinado como un Demiurgo, cuya actividad se desarrolla entre el mundo de las ideas y la realidad. En ocasiones vemos al artista adelantarse a su época, o reconsiderar épocas pasadas para encontrar fuentes nuevas de inspiración. Pero el artista al final no tiene otro camino que materializar su labor. Y ésta, como obra de Arte, siempre precipita dentro de sí el espíritu de la época del artista. Examinando las obras de Arte moderno, lo diferentes que son en sus motivos, técnicas, formatos etc., lo que más parecen tener en común es el "juego". La falta de reglas en el Arte moderno lo ha convertido en un experimento continuo, que puede ir de lo divertido, a lo bello, a lo hortera y al malgusto. Este continuo ensallar se asemeja al comportamiento del niño, que prueba y prueba cosas, para ir descubriendo lo que puede y lo que debe hacer. Pero, mientras que el comportamiento del niño es provisional. Las pruebas se van reduciendo a medida que se va formando su personalidad. En el Arte moderno el esfuerzopor muchos de mantenerse en lo "infantil" hace mucho tiempo que ha dejado de producir obras de interés. Este espíritu infantil comenzó con el nihilismo, el dadaismo, el futurismo, etc., y en la actualidad se manifiesta en el exabrupto más ocurrente que alguien "produce" y un galerista se atreve a exhibir. Hoy no quiero profundizar más en este aspecto del arte moderno, y sí sacar alguna consecuencia general. El que esto sea así contrasta con la madurez general que se aprecia en el Arte clásico (y hablo de Arte clásico de forma lata). La razón, el análisis del sentimiento, la precisión en la técnica etc., han sido siempre el soporte para que la madurez artística produjese una obra de arte. Hoy, en una sociedad volcada en la inmadurez general, en la falta de una autoridad moral, el artista que sintoniza con el espíritu infantil de esa sociedad, lo hace a un coste muy alto. Efectivamente, aunque no se quiera reconocer, la consecuencia de esas obras infantiles es el éxito efímero. Son tratadas como los niños tratan sus juguetes, se las tira cuando la gente se ha cansado de jugar con ellas.
Hace 14 horas




